No duermo, no vivo. Creo que eso es lo primero que me pasa por la cabeza cuando alguien me pregunta qué tal estoy. Y yo respondo siempre "bien". Suele pasar. Siempre se te acaba acercando alguien preguntándotelo, y ¿qué vas a contestar? ¿Que llevas un tiempo durmiendo 3 días seguidos 3 horas y el cuarto doce? ¿Qué ese tiempo ya supera al mes y no parece que vaya a cambiar con el tiempo? ¿Y por qué? ¿Y por qué no lo digo, y alguien me compra pastillas de una vez y duermo al fin como las personas normales? Sin pesadillas, sin sueños; sólo el blanco descanso que las pastillas te dejan. Sin vampiros rubios y feroces desgarrándote la carne. Sin despertarte y moverte y sonreír como una autómata, las ojeras aún mas marcadas que de costumbre, inutil ya todo maquillaje, todo el día pensando, tengo que dormir, tengo que dormir, TENGO QUE DORMIR. Lo he llevado no demasiado mal hasta ahora. Porque ahora sí que me voy notando al límite de mis fuerzas, ahora sí que me va agobiando la cercanía de las clases, cada vez más y más cerca... No puedes dormir, pero cuando duermes es peor. Cuando duermes parece que se te viene el mundo encima, notas el peso de todo lo que has hecho, dicho o incluso pensado en los 2, 3 días que apenas descansaste, y una losa no te deja levantarte ni despertarte en horas y más horas, más de las convenientes. Porque esos excesos, aparte de robarte tiempo de vida que querría gastar en otras cosas, te dejan agotada, cansada de estar en la cama, cansada de dormir, cansada de vivir de esta manera, con la mitad de tu vida, el descanso, destrozado por el insomnio. Pero no quiero necesitar pastillas, no quiero saber por qué me pasa esto, no quiero saber por qué no puedo llevar, al fin, una vida normal.
Sólo quiero dormir.